El Rincón de Sehir: Este es un rincón convencional.

Del mismo modo que algunas respuestas pueden ser postmodernas.

No estoy aquí para hacer juegos de palabras ni de conceptos, de todos modos. Simplemente para hacer un rincón más. Un rincón de tantos otros que se han publicado hasta ahora. Y, de todos modos, por muchos que me hayan podido parecer hasta ahora, teniendo en cuenta que mi primer rincón fue en diciembre de 2011… este sería mi rincón número 78. Muchos de ellos ya no aparecen aquí por esto de que al principio no era común que un rincón hablase de la vida de uno mismo, a pesar de que el tema era completamente libre, y al final solo dejamos esos aquí. Recuerdo que había rincones que eran fichas de información de grupos, otros que eran de proyectos personales (publicación de los mismos, vaya: mi segundo rincón fue una guía grabada de un minijuego de escape room). Es bastante nostálgico volver atrás para recordar todas estas cosas, y todo por lo que ha pasado la web hasta ahora.

Siempre se dice que el tiempo pasado fue mejor, juraría que porque un historiador romano dijo que un filósofo griego lo había dicho, y más tarde lo popularizó y lo puso de moda Manrique… para que aún por encima lo pusiera más de moda un… ¿psicólogo? inglés, que lo llamó declinismo y lo declaró una enfermedad cerebral. Eso tengo entendido. Tampoco me voy a parar a buscar ahora para comprobar que es cierto, así que, por favor, que nadie considere estos datos 100% fiables. Simplemente estoy divagando un poco, como se suele hacer en este tipo de entradas actualmente.

Desde el momento en el que creé la web hasta ahora, mi situación ha cambiado enormemente, ya para empezar, porque ya no estoy resentido por que la anterior web en la que trabajaba acabase cerrando por tener contenido pirata; porque no tengo la vacuidad de proyectos que tenía en segundo de la ESO; o porque ya no considero de mi agrado al público medio del conjunto de la web, entre muchas otras cosas. Dicho de otra manera, las primeras razones en las que puedo pensar cuando intento recordar el sentido de haber accedido a crear todo lo que ha salido de aquí (porque para empezar ni siquiera la idea fue mía), son falta de cosas que hacer y simpatía con el público al que pretendía llegar. No voy a negar que también tenía que ver que la mejor manera de aprender sobre algo es investigar, leer y escribir sobre ello.

Le debo mucho a esta web como sistema de autoobligaciones. Me ha ayudado en sobremanera a sintetizar, redactar, expresarme por escrito con fluidez, desarrollar ideas, escribir rápido en el teclado, localizar información rápidamente y he aprendido bastante sobre manga, anime, videojuegos y tecnología. También he llegado a sacar algunos datos de cultura general (la ajena a la cultura artística-humanística), cine, literatura, programación e incluso física (aunque debo reconocer que esto fue desesperación por no encontrar temas para un rincón en concreto). Me ayudó a saber la importancia de la imposición propia de obligaciones para poder progresar, a acostumbrarme al trabajo diario propio de, por ejemplo, un autónomo, a pasar noches trasnochando únicamente pensando en el concepto de “liderazgo”, en cómo llevar eficientemente un proyecto por el camino correcto… Incluso puedo decir que me ayudó en el aspecto del análisis social y personal, en saber distinguir el comportamiento y las reacciones propias de alguien y implicado y alguien no implicado, incluso en quién confiar las tareas largas sin fecha límite y en quién las tareas cortas con fecha límite. Después de todo, hace ya algo más de siete años del 1 de febrero de 2011.

En el momento en el que fundé la web, en el momento en el que decidí abrir un foro en miarroba que se llamaba “Chi Fuu-Koe” creí sinceramente y en todo momento que, con mucho esfuerzo y una dedicación completa al trabajo en el proyecto, con el paso del tiempo, podría llegar a conseguir algo rentable, que pudiese vivir por su cuenta, e incluso que, con mucha suerte, podría llegar a vivir de ello. Podría excusarlo con los 13 años, pero con 18 seguía pensándolo, a la vez que si no se hubieran dado los factores necesarios, seguramente con 20 o con 25 seguiría pensándolo. Y seguiría trabajando duro por esto.

Trabajar en esta web, en el proyecto en general, no solo me ha dado la riqueza de conocimiento y de habilidades que mencioné antes, o momentos memorables con los miembros de la web, que, desde luego, consideré mis amigos. Esta web me ha proporcionado estrés, ataques de ansiedad, sudores fríos causados por el no saber el “qué ocurrirá” con lo único que valoraba, dudas sobre mí en el aspecto de cómo de fiel soy a mis principios; me ha llevado a pensar en qué escasamente difundido está la voluntad de autocultivarse, a saber cómo de inútiles y poco fiables son las promesas, a sobreperdonar, a creer que la única manera de motivar a alguien es regalarle oro para recibir un trozo de paja, a intentar empatizar con el tipo de gente que siempre desprecié, a olvidarme lo suficiente de que estoy siendo hipócrita como para creer sinceramente que mi comportamiento es uno en concreto, y, por el camino, a hacerle creer a la gente que realmente yo soy así; me olvidé de los motivos, de las metas, de mi propio bienestar, a cambio de conseguir productividad y buenas relaciones a la vez. ¿Valió la pena el sacrificio?

¿Qué importa este malestar general si hoy hemos publicado 14 posts? ¿Qué importa que esta persona se comporte como si fuera gilipollas, si hace un post diario? ¿Qué importa lo que sienta por dentro cada vez que me habla si lo hace con una sonrisa? ¿Qué me importa tener que sacrificar mis propios proyectos si a cambio puedo crear sensación de productividad aunque casi ni dios mueva un pelo?

Hubo una pregunta que por lo menos se me pasaba por la cabeza cinco veces al año; cada uno, la cifra en aumento: “¿Merece realmente la pena la vida de alguien así?” Cada vez se me pasaba más por la cabeza que no. Al principio solo me lo preguntaba y me decía que no tenía ni puto sentido el preguntarme si merecía la pena: “joder, es una web y la estoy llevando, y ya hemos llegado a las 100/500/1.000 visitas diarias, claro que merece la pena que exista”. Claro que sí. Más adelante la pregunta era bastante más cercana a “¿Quién eres?” Por muy cursi o peliculera que llegase a parecer la pregunta, en cierto punto ya acababa conmigo el no poder responder. Con cada persona me comportaba distinto, dependiendo de con quién era la conversación, mi ideología general era distinta; dependiendo de la persona, mi comportamiento era más alegre o menos. ¿Y mi estado de ánimo? No sabía por qué nunca tenía un estado de ánimo, sino una persona con la que hablar y una respuesta emocional concreta. Incluso muletillas concretas. Palabras, temas, opiniones, expresiones concretas. Se me resolvió la duda hablando con gente que merecía realmente la pena: depresión, ansiedad. Ningún sentimiento positivo iba a salir de mí, y a falta de él, con la demanda personal de la hipocresía, tenía que crearlo. Todo lo que había construido para interactuar con la gente cuya felicidad quería siempre ver, estaba basado en mi incapacidad (quizá temporal) para sentirla.

El resumen al final fue mi correr por una cuerda floja intentando creerme que era suelo firme, y, de paso, consiguiéndolo. La falta de aquellos únicos que me apoyaban y a los que no valoré lo suficiente en 2014 fue lo que me hizo darme cuenta. Yo quería un pequeño grupo de gente con el que poder hablar, hacer cosas poco serias, disfrutar de tardes charlando, paseando… algo que nunca conseguí. Como mi teoría era que consiguiendo su felicidad yo conseguiría la mía, había acabado con todo lo que me permitía ser mínimamente feliz. Creo que me pasé tres días en una esquina de cama, saliendo para cubrir algunas necesidades vitales y escuchando música que me traía recuerdos. Darme cuenta de que nunca había querido lo que estaba consiguiendo fue bastante jodido. Cuando siempre has tratado bien a un grupo de personas… ¿cómo les dices “en realidad no me aportáis nada, así que prefiero medicarme para ser feliz que seguir esforzándome en que vosotros lo seáis para que yo me crea que también lo soy”? Supongo que más jodido sería escucharlo. Y precisamente de ese modo apliqué lo único que se me ocurrió. Dejar que todo se muriera poco a poco y con los mínimos incidentes posibles.

Lógicamente fue imposible. Simplemente pareció que estaba funcionando hasta que me enteré un día por casualidad de que nunca había tenido tantos problemas sociales. ¿Qué pasa cuando a una depresión causada por un mal entorno le sumas otra causada por la soledad, otra más por una desorientación vital muy grande y, por último le sumas otra aún más grande, que viene porque de repente un buen grupo de gente está rajando de ti continuamente durante dos años? De esa no me pude reponer, y, sinceramente, lo que me cuesta hoy en día socializar o hacer algo que tan natural me resultaba, como twittear, no me parece ni digno de esfuerzo. Ni aunque mi carrera laboral dependiese de eso podría ser capaz de hacerlo. Actualmente me cuesta abrirme a más de tres personas en concreto, mientras que antes me costaba evitarlo. De hecho no creo que lo pueda volver a hacer.

Desde luego, no pretendo culpar a nadie más que a mí por todo esto. Porque si yo no hubiera entablado conversación o propuesto algo desde un primer momento, esto no hubiera ocurrido, ni tampoco hubiera afectado a amigos míos que para nada tienen que ver con todo el conflicto.

Buen rincón, ¿eh? Pues mejor es acabarlo fuerte.

No renovaré contrato con One este año. Guardaré archivos con lo que no se pueda encontrar por ahí como algunas guías, tutoriales o traducciones y luego cerraré la web.

Sobra decir que no voy a hacer más rincones ni posts.

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